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Colecho, dormir con los niños… ¿bueno? ¿malo? ¿para todos?

Colecho, dormir con los niños… ¿bueno? ¿malo? ¿para todos?

Padre y madre en la cama con su hijo.

¿Dormir o no dormir con los hijos? Es un tema que desata muchísimas discusiones. No creo que se deba calificar como positiva o negativa esta práctica o juzgar a una persona por haberla escogido o no. Es importante más bien analizar la motivación de hacerlo, sus beneficios y desventajas, y ver si aquella es la mejor decisión para esa familia (hijo, papá y mamá).

El practicar, o no, el colecho es una opción muy personal e íntima de cada familia. Se debe tener presente que lo que le funciona a una familia de maravilla, no le funcionará a otra. Como el mismo Dr. Carlos González o el Psicólogo Alberto Soler mencionan: es una decisión propia de cada familia. No se debe recomendar como sistema el colecho o el no colecho. Ambos mencionan que todos en los miembros deben estar de acuerdo con la decisión, gustosos de hacerlo y que sea satisfactorio para todos. 

Sí al colecho

Existen diferentes motivaciones que llevan a una familia a practicar el colecho: por convicción o por reacción. Puede ser que unos padres han optado por convicción, por voluntad propia, por motivos culturales, porque así es más fácil mantener la lactancia nocturna, etc. O, por otro lado, por necesidad o reacción hacia un problema de sueño de sus hijos, en el que igual nadie descansa bien.


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Si es la primera decisión, y toda la familia duerme bien (se despierta descansada, con ánimos y energía), no es necesario realizar ningún cambio. A esa familia le funciona bien dormir juntos.

No al colecho

Existen otros casos en los que el colecho no funciona y no contribuye a un descanso saludable y suficiente para todos. Por ejemplo, hay padres que duermen con sus hijos pues no han encontrado otra manera de sobrellevar una dinámica de sueño dificultosa, o tratan de dormir unos momentos más de esta manera.

Al dormir con los niños nadie descansa bien, las noches continúan siendo muy interrumpidas, con episodios de llanto, despertares largos, trastornos de sueño e incomodidad. Todos se despiertan sin energías, de malhumor, afecta al funcionamiento diario y al estado de ánimo. Incluso han optado por que sea solo uno de los padres el que duerme con el niño y el otro duerme en otra habitación para poder descansar algo, o se turnan. Muchos padres me han comentado que se ha convertido en una dinámica insostenible, y que ha contribuido al distanciamiento o ruptura de la pareja.

En consulta…

A mi consulta acuden padres que buscan mejorar el sueño de sus hijos y, por ende, de la familia. Expresan que la dinámica o situación actual no está funcionando y quieren hacer un cambio, pero necesitan una guía y apoyo para hacerlo. El objetivo que trabajamos siempre es lograr que, tanto el niño como la familia, logren un sueño saludable.

Si la situación actual, por ejemplo, de colecho, no está funcionando, se realiza el proceso de cambio pertinente. Menciono la palabra “proceso”, pues no es un cambio que se da de la noche a la mañana. Los seres humanos somos criaturas de hábitos y cambiar un hábito requiere de un proceso, de tiempo, de constancia y de paciencia. Además, que el proceso debe ser uno sostenido, acompañado, gradual. Hay que continuar brindando al niño la seguridad y el amor, tanto en el día como a la hora de acostarlo, y realizar los ajustes necesarios a su rutina, horarios, etc. para lograr que todas las “piezas” encajen adecuadamente y se dé la mejor calidad de sueño para ese niño y esa familia.

Cuando analizamos la situación, nos preguntamos, ¿qué es lo mejor para el niño? Lo ideal sería que su entorno sea positivo y agradable, que la relación de sus padres esté fuerte, que reciba de ellos la mejor atención y vínculo que pueda tener. Y, también, que tenga un sueño saludable para descansar y desarrollarse apropiadamente. Si la situación actual ya no está funcionando hay que hacer unos cambios. Es ahí cuando, se debe re-evaluar la situación y realizar los ajustes necesarios para que todos duerman bien.

Relaciones entre «el colecho y el sueño saludable» o «el colecho y el apego«

El sueño es una necesidad vital para los seres humanos. Es además una necesidad que evoluciona según la edad. Se debe priorizar siempre el tema de un sueño saludable en todas las edades, pues este marcará el cómo uno funciona en el día a día, no solo a nivel físico, energético, sino a nivel cognitivo, de salud, socio-emocional y de relaciones interpersonales.

Durante el sueño, además de descansar, reconfortarnos, recuperar energías, se dan otras múltiples funciones necesarios para que nuestro organismo y mente funcionen adecuadamente: se regenera el sistema inmunológico, se secreta la hormona de crecimiento, se eliminan toxinas, se consolidan aprendizajes, memoria, atención y concentración, aporta a las funciones cognitivas elevadas, creatividad, reduce el stress, influye en un humor positivo y un mejor estado emocional que impacta positivamente a nuestras relaciones con los demás, entre otros múltiples factores. Por otra parte, la acumulación de cansancio crónica lleva a una serie de problemas en todo sentido. Es fundamental entonces promover un sueño saludable para todos los miembros de la familia.

Como padres, queremos dar las mejores herramientas para el desarrollo a nuestros hijos. Una de ellas es el sueño: un sueño suficiente y de la mejor calidad. Aparte de los hábitos de sueño, rutinas, horarios, siestas, etc. que influyen en el descanso de la familia, está el “lugar” donde duerman.

Muchas personas optan por el colecho, otras deciden que cada uno duerma en su propio espacio. La cuestión principal a considerar es: ¿están todos teniendo un sueño saludable y suficiente? ¿Se despiertan a la mañana descansados, con energías recuperadas, contentos? Eso es lo que habría que analizar, para en base a eso mantener la decisión, o realizar los ajustes necesarios para promover un descanso saludable y suficiente.

¿Tiene un mayor apego un niño que duerme en la misma cama con sus padres o un niño que duerme en otra cama o en otro cuarto?

¿El vínculo se fortalece al dormir con nuestros hijos o no? Es una sensación hermosa abrazar a nuestros hijos y verlos dormir. Sin embargo, el colecho no es determinante del vínculo entre un padre y su hijo. La relación que el padre tenga con su hijo durante el día, el tiempo que comparta con él, la calidad de este, sus interacciones, su cariño, etc. todo eso es lo que le marcará el apego.

La distribución que una familia escoja para dormir (en la misma cama, en diferentes espacios en el mismo cuarto, o en distintas habitaciones) no crea por sí misma ningún tipo específico de relación familiar que no se haya conformado durante el día. Si la relación familiar es satisfactoria en el día, esta continuará al a noche, sea cual sea la distribución al dormir. Puede ser que sea un padre ausente todo el día. O un padre presente, pero que no interactúa con el hijo, por estar tan agotado que no tiene ni ánimos para jugar o tener paciencia para los momentos difíciles.

Por otro lado, unos padres que tienen una hermosa relación en el día, una tranquila y agradable rutina para acostarse, terminan el día de una manera linda, y cada uno duerme en su habitación tranquilamente y al día siguiente funcionan bien.

No estoy a favor de argumentar que la autoestima, seguridad o independencia de un niño está marcada por compartir o no cama con los padres. Creo que esto está más marcado por cómo es la relación con el niño, qué interacción recibe de sus padres, qué atención, nutrición emocional, cariño, tiempo, confianza, seguridad, interrelación, ejemplo, oportunidades de compartir, de aprender, etc. que recibe en su día a día. Aquello es lo que hay que nutrir. No decidir compartir o no la cama por lograr un mayor apego o suplir un vínculo.

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Recomendaciones

Si una familia opta por realizar colecho pues lo ven como la mejor opción para su descanso, es necesario que este sea practicada de forma segura y satisfactoria para todos.

Cabe mencionar que existen diferentes tipos de colecho. Se puede practicar el colecho compartiendo la misma cama con el niño, o poniendo al bebé en una cuna pegada a la cama de los padres, como una extensión de esta, o simplemente que el pequeño duerma en un corral o cuna en la misma habitación de los padres.

Cada opción debe ser practicada siguiendo ciertas normas básicas de seguridad, para asegurarnos que no haya riesgo para el bebé: riesgo de asfixia o de muerte súbita del lactante.

La Academia Americana de Pediatría no recomienda dormir en la misma cama con bebés menores de 4 meses de edad, ni prematuros ni de bajo peso. Sin embargo, motiva a que los padres compartan habitación con su hijo hasta los 6 meses, e idealmente hasta el año.

Existen ciertas condiciones en las que compartir la misma cama con el bebé está totalmente contraindicado por el riesgo que supone. Entre otros están: padres fumadores, padres que hayan consumido alcohol, drogas o sustancias sedantes, obesidad sin que sea el bebé lactante. También se debe tomar en cuenta que el colchón debe ser firme y plano, no debe haber sábanas o mantas que puedan obstruir la cara del bebé, no sobrearropar al niño, el entorno debe ser ventilado, etc.

También es de suma importancia nunca quedarse dormido con el bebé en brazos en un sillón, mecedora o sofá, por ejemplo, después de alimentarlo. Es extremadamente peligroso.

Una norma importante a recordar es siempre acostar al bebé boca arriba, hasta que aprenda él solo a darse la vuelta. Incluso después de cada toma, se debe volver a acostar al bebé boca arriba.

En conclusión, sea cual sea la decisión que se tome como familia, es importante priorizar que todos sus miembros estén teniendo un sueño saludable y suficiente. Además, que todos estén de acuerdo y gustosos en practicar aquella distribución. Y, finalmente, que esta contribuya a tener una dinámica familiar sana y feliz.

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