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Cuidar su inocencia

Cuidar su inocencia

Niño comiendo un helado.

Pídele la mano a un niño y él te la dará, tomado de tu mano es capaz de seguirte a donde tú vayas, de arrojarse al vacío si se lo pides.

La infancia es la etapa donde más abiertos somos, todo resulta encantador, hay poco miedo y mucha confianza para mil aventuras. Para mí, la mirada de un niño refleja muchas cosas, me gusta mucho fijarme en sus ojos llenos de pureza, curiosidad, confianza y por sobre todo frescura, una mirada limpia… ¡por eso son tan especiales!

He comprendido siendo mamá, al mirar a mis hijos, lo vulnerables, frágiles, expuestos e indefensos que los niños pueden ser. Tienen tan poco, o ningún, poder para protegerse, para opinar, para decidir.


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Ellos con su inocencia, amor y confianza infinita, creen y esperan cien por ciento en mí, en su papá y en los demás adultos cercanos de su entorno.

Protegerlos y enseñarles a que se protejan es nuestra tarea, para que nadie destroce su sonrisa con engaños… ¡la inocencia implica muchos riesgos!

Estoy casi segura no se protege lo que no se valora y, para enseñar a que los niños se cuiden, lo mejor que como padres, abuelos, maestros, adultos debemos hacer es hablar a los niños positivamente, mostrarles sus capacidades, sus talentos, sus fortalezas, también sus debilidades, apreciar cada una de sus ideas, sus metas, sus ilusiones y sus sueños, enseñarles a valorar sus raíces, su cuerpo, sus creencias, en fin…
Valorándolos haremos que ellos también se valoren y confíen en quienes son. Pero, algo que debo conquistar todos los días yo como adulto es la confianza de mi hijo hacia mí. Si no confía, sabe que no puede apoyarse para recibir mi ayuda, para tenerme como su confidente. Ganémonos su confianza, de esa manera podríamos evitar daños irreparables.

Este tema me ha hecho reflexionar tantas veces, el que yo como adulta, como su pilar principal, no solamente soy la responsable de su formación, la encargada de su crianza y de su mañana, sino también soy responsable de los recuerdos que deje grabados en ellos.
Por tanto, qué importante es que me encuentre bien interiormente, que sea alguien emocionalmente fuerte, que sepa cuidarme y quererme, que sepa pedir ayuda si la necesito. Sí, que con humildad pueda corregirme todos los días, que sea capaz de vencer miedos y egoísmos, de sanar recuerdos y heridas de un pasado…

Hay que ser una persona coherente en actos y en palabras. Sobre todo, hay que buscar sabiduría para poder tomar las decisiones correctas, para no perjudicar jamás el bienestar y la felicidad de quienes dependen y esperan en una.

Viendo esta foto, veo eso … un hijo que toma mi mano seguro, con una inocencia única, sus ojos brillantes están repletos de esperanza y sueños.
¡Cuando te veo sonreír hijo no sé quién de los dos es más feliz!

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