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Fábulas de animales: un mensaje profundo y sencillo para lo niños

Fábulas de animales: un mensaje profundo y sencillo para lo niños

Padre con sus 3 hijos leyendo una fábula animal.

Estamos convencidos que la lectura es importante para la formación de los niños, tanto como otras actividades el ejercicio físico o las normas de conducta apegados a la crianza positiva. Y para empezar con este hábito / herramienta de vida que es leer lo mejor es empezar por las fábulas de animales.

Una fábula es una narración corta, sencilla, una pequeña ficción escrita en verso o prosa en la que aparecen personas, animales, seres animados o inanimados y que tiene un mensaje o moraleja -muchas veces escrita al final- con la intención de enseñar algo.


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¿Quieres explicarle a tu hijo sobre por qué no ser egoista? Léele una fábula.

Esta vez empezaremos por recomendar las fábulas de animales, hay varias razones muy lindas en el fondo de esta opción que quiere que amen la lectura y aprendan una lección de vida:

  • Porque los animales sirven para mostrar una característica que los humanos solemos esconder y como metáfora funcionan a la perfeccción, habrá que explicarles sin embargo, que no hay animales malos o buenos como las personas.
  • Porque los niños se identifican mucho con los animales, juegan a ser perros, caballos, gatitos, leones… han aprendido sus sonidos desde temprana edad y por tanto hay un apego emocional hará que estén motivados y con toda la atención a sus historias
  • Porque se puede reforzar su consciencia ambiental y de protección a un mundo que se está perdiendo, es decir por el mundo y por todos.

Las fabulas de animales por supuesto no son un invento reciente, van de la mano de una la historia cultural del ser humano, desde la antigua Mesopotania, los griegos la usaron con fines educativos e increiblemente uno de sus escritores es aún leído y sus textos conocidos en pleno XXI por todos, se trata de las Fábulas de Esopo.

Desde siempre…

Podríamos hacer el largo recorrido por su historia pero por ahora decirles que es un género que siguió en la Edad Media, por supuesto en el Renacimiento… que solo decayó un poco en el siglo XX y que ahora mismo están nuevamente en auge, y que sería importante por ejemplo que busquemos las fábulas de nuestros pueblos originarios quienes no perdieron el contacto con la naturaleza y que tienen mucha sabiduría para compartirnos.

En fin cuando hablamos de las fábulas de la antiguedad, o la de los pueblos originarios también hay que hacer una advertencia suelen tener una dosis de crudeza, la idea era muchas veces educar con el miedo, y no es que a los niños se les tuviera consideraciones especiales cuando se quería protegerles de los males de esos tiempos (el ejemplo de las películas de Disney desde sus versiones originales será un tema que desarrollar en otro artículo, pero puede servir muy bien como ejemplo).

¡Es hora de leer fábulas de animales!

Las fabulas del griego Esopo hoy siguen siendo actuales y tienen mensajes para compartir con los niños

A continuación te dejamos con tres fábulas clásicas, antes de leerlas a los chicos léelas tú primero. Has que esta lectura sea especial, crea el ambiente perfecto, por ejemplo dentro de un tipi con linternas o a la hora de dormir con una música y relajante de fondo. Recuerda que lo importante es que converses con ellos sobre el mensaje, quedarás sorprendido por sus reflexiones y aprovecha para acordar mejoras en sus comportamientos, claro también con tu propio compromiso

Leamos esta Fábula de Esopo:

Los ratones y las comadrejas

Se hallaban en continua guerra los ratones y las comadrejas. Los ratones, que siempre eran vencidos, se reunieron en asamblea, y pensando que era por falta de jefes que siempre perdían, nombraron a varios estrategas. Los nuevos jefes recién elegidos, queriendo deslumbrar y distinguirse de los soldados rasos, se hicieron una especie de cuernos y se los sujetaron firmemente.

Vino la siguiente gran batalla y, como siempre, el ejército de los ratones llevó las de perder. Entonces todos los ratones huyeron a sus agujeros, y los jefes, no pudiendo entrar a causa de sus cuernos, fueron apresados y devorados.

El poder no implica vanagloria, sino responsabilidad.

¿Te parece muy fuerte? A veces no preparamos a los niños ante algunas realidades y quizá puedan servir estas historias para amistarse incluso con temas que consideramos tabú, como la enfermedad o la muerte.

En todo caso hay algunas recomendaciones que queremos hacerte para que reflexiones con tu hijo sobre valores que no han pasado de moda: el respeto, la humildad, la perseverancia, entre otros.

La liebre y la tortuga (Esopo)


En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.

-¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga.

Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre.

-Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo.

-¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre.

-Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera.

La liebre, muy divertida, aceptó.

Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos.

Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!

Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo.Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.

Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. Le dejó ventaja y nuevamente emprendió su veloz marcha.

Varias veces repitió lo mismo, pero, a pesar de sus risas, la tortuga siguió caminando sin detenerse. Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó bajo un árbol y ahí se quedó dormida.

Mientras tanto, pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió su camino hasta llegar a la meta. Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera.

Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse jamás de los demás. También de esto debemos aprender que la pereza y el exceso de confianza pueden hacernos no alcanzar nuestros objetivos.

La gallina de los huevos de oro

Érase un labrador tan pobre, tan pobre, que ni siquiera poseía una vaca.

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Era el más pobre de la aldea. Y resulta que un día, trabajando en el campo y lamentándose de su suerte, apareció un enanito que le dijo:closevolume_off

-Buen hombre, he oído tus lamentaciones y voy a hacer que tu fortuna cambie. Toma esta gallina; es tan maravillosa que todos los días pone un huevo de oro.

El enanito desapareció sin más ni más y el labrador llevó la gallina a su corral.

Al día siguiente, ¡oh sorpresa!, encontró un huevo de oro. Lo puso en una cestita y se fue con ella a la ciudad, donde vendió el huevo por un alto precio. Al día siguiente, loco de alegría, encontró otro huevo de oro.

¡Por fin la fortuna había entrado a su casa! Todos los días tenía un nuevo huevo.

Fue así que poco a poco, con el producto de la venta de los huevos, fue convirtiéndose en el hombre más rico de la comarca.

Sin embargo, una insensata avaricia hizo presa su corazón y pensó:“¿Por qué esperar a que cada día la gallina ponga un huevo? Mejor la mato y descubriré la mina de oro que lleva dentro”.

Y así lo hizo, pero en el interior de la gallina no encontró ninguna mina.

A causa de la avaricia tan desmedida que tuvo, este tonto aldeano malogró la fortuna que tenía

EL AGUILA Y LA ZORRA (ESOPO)

Un águila y una zorra que eran muy amigas decidieron vivir juntas con la idea de que eso reforzaría su amistad. Entonces el águila escogió un árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras la zorra soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra, al pie del mismo árbol.

Un día en que la zorra salió a buscar su comida, el águila, que estaba hambrienta, cayó sobre las zarzas, se llevó a los zorruelos, y entonces ella y sus crías se regocijaron con un banquete.

Regresó la zorra y más le dolió el no poder vengarse, que saber de la muerte de sus pequeños.

¿Cómo podría ella, siendo un animal terrestre, sin poder volar, perseguir a uno que vuela? Tuvo que conformarse con el usual consuelo de los débiles e impotentes: maldecir desde lejos a su enemigo.

Mas no pasó mucho tiempo para que el águila recibiera el pago de su traición contra la amistad. Se encontraban en el campo unos pastores sacrificando una cabra; cayó el águila sobre ella y se llevó una víscera que aún conservaba fuego, colocándola en su nido. Vino un fuerte viento y transmitió el fuego a las pajas, ardiendo también sus pequeños aguiluchos, que por pequeños aún no sabían volar, los cuales se vinieron al suelo. Corrió entonces la zorra y tranquilamente devoró a todos los aguiluchos ante los ojos de su enemiga.

Nunca traiciones la amistad sincera, pues tarde o temprano llegará el castigo del cielo.

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