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¿Por qué los niños ya no leen? esperen… ¿ya no leen?

¿Por qué los niños ya no leen? esperen… ¿ya no leen?

Una niña está leyendo un libro.

– ¿Qué vas a leer en las vacaciones? –   me preguntó antes de salir de la escuela una de mis alumnas de 7º con una ansiosa sonrisa en la cara. Estando tan inmersa en el trabajo, la verdad es que no había pensado claramente qué leería durante ese periodo. Sabía que había un par de ensayos y unas novelas que quería estudiar para el próximo año lectivo y que, probablemente, dedicaría parte del verano a ellas, pero no había pensado en qué leería para entretenerme, tal y como lo haría mi alumna en sus dos meses de descanso escolar. – No lo sé – respondí con toda honestidad, e inmediatamente vi cómo su sonrisa se transformaba, primero, en un gesto de extrañeza y luego en una sonrisa mayor – Entonces, ¿quieres que te recomiende algo para leer? –   

Así comenzó una conversación a la se sumaron varias de sus compañeras, quienes compartieron conmigo algunos de los títulos que leerían durante sus respectivos veranos, argumentando con una precisión genial los motivos por los que era prácticamente necesario leer ciertos libros.


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Me llevé una pequeña lista, entre ellos varios de los que ni siquiera había escuchado. Leí algunos y debo confesar que me sorprendieron por varios motivos. En suma, fueron buenas recomendaciones, lo que comentaré con ellas muy pronto.

Lectura entre pares

Esta experiencia me hizo recordar las extensas discusiones que se han sostenido y se sostienen sobre el fomento lector, sobre cómo hacer atractiva la lectura para jóvenes y niños. Lo cierto es que, en este escenario, siendo niños o jóvenes, muchas veces hay un exceso de “voces adultas autorizadas” a la hora de recibir una recomendación sobre una obra (recomendaciones que, muchas veces, parecen más una sentencia que una invitación a leer) y que parten de nuestra propia trayectoria lectora, la que suele estar desactualizada en relación a las nuevas generaciones.

Lo anterior no significa, de ninguna manera, que aquellos libros que nosotros disfrutamos en nuestra niñez o juventud no valgan la pena o no vayan a ser valorados por los nuevos lectores, sino que nuestra voz no siempre es la más válida cuando se trata de incentivar la lectura, para esto, están los amigos. Sí, los amigos.

Hoy es cada vez es más común ver en las salas de clase de la escuela y el colegio, estudiantes con gruesos libros bajo el brazo (los que a veces, nada tienen que ver con el plan lector que se ha indicado), muchos de ellos pasan de mano en mano, porque la emoción de esa lectura apasionante quiere ser compartida.

Tanto en el mundo editorial como pedagógico, son muchas las experiencias que se han desarrollado en torno a este tema. Un ejemplo de lo anterior tuvo lugar en la Feria del Libro de Madrid en 2017, donde Kumón construyó un árbol de lecturas en el que participaron más de 1500 niños haciendo sus “recomendaciones” y que permitió elaborar una interesante lista sobre los 10 títulos más leídos de ese año.

Del mismo modo, hoy varias escuelas han implementado la recomendación lectora dentro de la sala de clases para fomentar su plan lector, así como para incorporar nuevos títulos a la lectura domiciliaria.

¿Las recomendaciones de los adultos ya no sirven?

Pero, seamos francos, este fenómeno no es nuevo, sabemos cómo funciona una recomendación, ¿qué hace importante este tema hoy? Pues bien, en un mundo en que suele escucharse con frecuencia que los niños y los jóvenes ya no leen, la evidencia se vuelve fundamental para contribuir a la formación de comunidades lectoras.

 Catherine Snow, psicóloga educativa de Harvard, ha trabajado ampliamente el tema de la motivación por la lectura y describe cómo, a nivel mental, se diversifican los intereses de un niño en la medida en que este entra en la adolescencia y, por ende, desarrolla su pensamiento hipotético deductivo.

Lo anterior implica que el interés por la lectura de un niño tendrá menos “competencia” en relación a lo que sucede con un adolescente cuyos intereses se multiplican en la misma medida en que su pensamiento se amplía.

 Es precisamente por esto, que fomentar la recomendación de libros entre pares se transforma en una poderosa herramienta para instalar un hábito de goce lector, que permita a los nuevos lectores sentirse autónomos y agentes en el desarrollo y construcción tanto de su propia trayectoria literaria como la de otros, estamos hablando de una retroalimentación positiva, que genera un mayor interés por la actividad.

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Mujer revisando su teléfono mientras su bebe está dormida.

Es más, hoy el impacto de la recomendación trasciende el papel o la mera conversación y se ha instalado también en el mundo digital con el concepto de los booktubers, porque, una vez más, la voz autorizada es la de alguien que sabe más, pero que también puede entenderme más.  

Pero, ¿por qué solo recurrir a los amigos?, Yo soy el adulto y puedo distinguir entre qué obra es buena o no para que lea un niño, yo tengo criterio formado, yo quiero que lea cierto tipo de libros;

Si bien, todo lo que hemos discutido hasta ahora es cierto, concedamos también espacio a nuestras inquietudes como adultos, pues tienen total validez; que nuestros niños y jóvenes lean cada vez más gracias a la recomendación de sus pares, no significa que vamos a estar ausentes de qué es lo que leen, sin embargo, debemos ser guías atentos, respetuosos y observadores de aquellos libros que los vemos leer; si somos cuidadosos con el tiempo y la información que consumen en redes sociales y frente a pantallas, ¿cómo no serlo con una herramienta tan poderosa o importante como lo es un libro?

No quiero avalar con esto la censura, quiero aclararlo de plano, sí quiero instar a quienes leen estas líneas a mantener un diálogo fluido con estos nuevos lectores, a enterarse de quiénes son los autores, cuáles son las temáticas, por qué estas despiertan tanto interés y, por qué no, animarlos a leer algo de aquello, para tener una opinión de primera fuente.

Quizás terminemos recomendándonos entre adultos, más de algún título.

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