Ahora leyendo
¡Un menú para niños! (que no dé asco)

¡Un menú para niños! (que no dé asco)

Estamos en una mesa con muchas mamás, la comida es exquisita, un lujo de sabores. Es difícil decidirse si ir por platos del mar como un pulpo a la gallega o un salmón nórdico sobre una cama de brotes frescos o por el sabor de la tierra, unas costillas de cerdo al tomillo o, un lomo fino al oporto acompañado de un arroz silvestre , incluso aparece un inventivo ceviche vegano… mmm, se comparten las elecciones, porque es importante elegir un plato espectacular, ya que hemos venido a darnos un gustito.

Pero de pronto, como suele pasar las madres activamos los radares… !los niños que jugaban en la campiña, en la piscina, en la resbaladera tienen hambre! y habrá que pedir primero para ellos porque ya se ve como la horda de chavales, guaguas, sardinos o cabritos, de pronto, caerá sobre toda la reunión en un vertiginoso tsunami de emociones intensas.

Pues bien ¿qué pedimos? la carta más amplia de lo que se puede esperar tiene, por fortuna un menú de niños, pero !qué horror! si el sitio soñado estaba por ganar su primera estrella michelín, otorgada por el entusiasmo público de la velada, pues ahora da ganas de llorar.

Nos pasa todo el tiempo, el menú de niños, de los lugares más prestigiosos suelen tener como el más suculento plato: «nuggets de pollo y papas fritas», todo el glamour a la basura, como si nuestros hijos pudieran comer algo así como pepitas genéricas para animales poco queridos. Por favor no deje de llamar al chef, gerente o quien sea, antes de salir y hacerle esta reflexión.

Pero, por ahora, tenemos que buscar una alternativa. Una madre explica que a su hijo Rafael de tres años le encanta el pulpo y que ella se pedirá ese platillo y compartirá con él; otra mamá decide hacer lo mismo y se va por las carnes que suelen ser platos más generosos en tamaño para no quedarse con hambre -ni ella ni su Sofi-. Pero, Rossana da una idea genial, que ha aplicado con bastante éxito con sus tres hijos: !pedir una entrada!, normalmente es un plato más pequeño y tiene una variedad interesante, esta última me parece una idea creativa y que permite que también el adulto pueda disfrutar en paz de su elección.

Lo cierto es que, madres, padres, abuelos, tías… no podemos permitir que a los pequeños que son los seres más importantes en nuestra vida se les alimente como si no merecieran respeto alguno. Ahora bien, para eso es una obligación que esa enseñanza por los sabores -el gusto es también un elemento que se aprende- empiece en casa, no es un premio darle comida trasgénica, refrita, endulzada hasta causar coma diabético, enlatada, artificial, aburrida y tóxica.

Ver también
Niña jugando.

Nosotros, sí los adultos a cargo, debemos ponerle valor a cada bocado, no sacar algunos ingredientes de los platos porque creemos que no les van a gustar… sabes a cuántos niños de la mesa les gustan las aceitunas? ¿el queso de cabra? ¿el cangrejo? ¡a muchísimos y desde las más tempranas edades! ¿Y a tu niño qué le gusta? ¿con qué paladar le estás criando?… y bueno a los restaurantes habrá que recomendarles muchas cosas, pero ya no comprar esos menús.

Exige calidad en la comida y no por hacerte la vida más fácil intoxiques sus pequeños cuerpos. Tus hijos son, NO LO OLVIDES NUNCA, quienes realmente necesitan nutrientes en este momento, y quienes se ESTÁN FORMANDO, sí, inclusive gastronómicamente.

¿Cuál es tu reacción?
Emocionado
0
Enamorado
2
Feliz
0
Gracioso
0
No estoy seguro
1

Familify mag is a trademark of Familify Corp. In the United States and other countries