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Una historia de resiliencia: la tarea de ser padre

Una historia de resiliencia: la tarea de ser padre

Una historia de resiliencia: la tarea de ser padre.

No sería para nada iluminador compartir que la tarea de ser padre no solo es compleja, sino que nadie nos la enseña. La vamos aprendiendo conforme transcurren los días, con aciertos, errores, arrepentimientos, confusiones y muchísimas reflexiones.

¿Imagínense todo ese proceso hacerlo sólo, sin pareja, luego de una separación repentina?

De la noche a la mañana tu rutina cambia y de pronto todas aquellas tareas que no sabes ni por dónde empezar se encuentran sobre tus hombros.

Por supuesto, siempre existe la ayuda de nuestros seres queridos pero el sentido de la responsabilidad y compromiso recae en nosotros los padres y madres.


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Y un día, aquella vida que estaba acomodada se desacomoda en un abrir y cerrar de ojos. Surgen miedos, preguntas, nervios, pedidos de ayuda, frustración e ignorancia, pero si hay algo que he aprendido en este camino es que, a mayor esfuerzo y sacrificio, mayor la paga o retorno.

Mi historia

A mí me tocó vivir esta situación, aprender a criar a mis hijos solo, en el año 2011, con dos bebés (un bebito de 1 año y una bebita de 2 años).

 Mi vida transitaba entre mi desarrollo profesional, el deporte y la familia.  Si bien siempre fui muy responsable en la tarea de ser padre, había, incorrectamente, tareas que “correspondían” a la madre. De pronto, las reuniones de trabajo, videoconferencia, viajes, partidos de tenis, asados, se vieron reemplazados por pañales, mamaderas/biberones, médicos, kindergarten, malas noches, vómitos, etc.

¿Qué podía hacer?

Podría haber pedido más ayuda, contratar una nanny /niñera o, simplemente, hacer lo que mi tiempo me permitía. ¡Pero no! Decidí, conscientemente, dedicarme 100 % a esos dos bebés que tanto me necesitaban.

 Y como me dijera en ese momento alguien muy allegado a mí: “Julián, probablemente en este momento no entiendas lo que te voy a decir, es sólo cuestión de tiempo, pero vos por tu personalidad vas a lograr en esta nueva etapa de separación que te toca vivir, forjar una relación con los chicos que de haber seguido casado no la hubieras logrado nunca”. No entendí esa frase hasta dos años después.

El caldero al final del arcoíris

Me gusta usar la analogía del caldero lleno de oro al final de un arcoíris… Ese arcoíris, inexistente, utópico, inalcanzable, al que si intentas trepar te caes, era el camino que yo veía hacia adelante. Un camino muy difícil de transitar, que inclusive a veces desaparecía, y se desdibujaba, pero yo sabía que tenía que encararlo porque al final encontraría ese caldero lleno de oro, esa retribución, ese tesoro preciado.

Y por supuesto, comencé a recorrerlo muy cauto, con temor, con equivocaciones, con llantos y con pedidos de perdón.

 Pero nunca perdí de vista el objetivo y entendí que todo lo que conlleva a criar y educar a un hijo no son cargas, como solemos vivirlas en el día a día, sino que son placeres.

Todos desearíamos dormir más, limpiar menos, decir las cosas una sola vez y que nos entiendan, lavar menos ropa, y dedicar menos tiempo a los médicos y enfermedades.

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Entendí que la acumulación de todos esos quehaceres diarios, por momentos tediosos, son en definitiva lo que me permitió forjar y construir la relación que desde muy pequeñitos fuimos construyendo con mis hijos para que hoy y desde ya hace algunos años tengamos un vínculo tan profundo, cercano y de amor que “de haber seguido casado probablemente nunca hubiese tenido”. Esa famosa frase que me dijeran años atrás.

Finalmente pude recorrer el camino del arcoíris (y lo sigo recorriendo) estando seguro de que ese camino nunca termina, en el recorrido se van juntando monedas de oro y al final siempre el caldero es más grande de lo que no piensa.

Lo que parece imposible…

Y bajo ningún punto de vista esta historia es una apología a los divorcios y separaciones, por el contrario, es simplemente una historia de resiliencia y cambio de paradigma, en la cual, todo aquello que parece imposible y con tintes negativos, no es más que totalmente alcanzable y que llena de satisfacción. Debemos aprender a que despertarnos de noche, cambiar los pañales, preparar mamaderas/biberones, lavar ropa, llevar al colegio, asistir a citas médicas, llevarlos a sus actividades extracurriculares, son todas tareas placenteras y debiéramos hacerlas con una sonrisa y gustosos porque en definitiva son las que nuestros hijos necesitan diariamente.

Actualmente esos bebitos de los cuales les hablaba tienen 9 y 10 años, son dos excelentes alumnos en el colegio, se encuentran rodeados de amigos, practican deportes y tienen un papá que disfruta de verlos crecer tan derechitos día a día.

Perdón, seguiría, pero debo dejar de escribir porque mañana lunes deben ir al colegio y debo lustrarles sus zapatos, prepararles sus mochilas y sentarme con ellos a hacer sus tareas… 😊

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